La pandemia obligó a la psicología a un experimento masivo y sin ensayo: trasladar la terapia a la pantalla, casi de un día para otro. Años después, esa experiencia dejó aprendizajes que ya forman parte de la práctica habitual.
El vínculo terapéutico sí viaja por la pantalla
Una de las grandes dudas era si la alianza terapéutica —el corazón de cualquier proceso— sobreviviría a la distancia. La experiencia de consultantes y terapeutas mostró que, con los ajustes adecuados, el vínculo puede construirse y sostenerse de forma remota. No es idéntico al encuentro presencial, pero es genuino y efectivo para muchos casos.
Lo que funciona y lo que exige cuidado
- Acceso: la distancia deja de ser barrera; se atiende a quien antes no podía llegar.
- Continuidad: menos interrupciones por viajes, enfermedad o logística.
- Encuadre: hay que cuidar la privacidad del espacio, la conexión y los acuerdos ante imprevistos técnicos.
- Selección de casos: no todas las situaciones clínicas se adaptan igual a la modalidad remota.
La evaluación también se volvió remota: aplicar instrumentos a distancia —que el consultante responde desde su casa y el profesional recibe corregidos— se consolidó como un complemento natural de la telepsicología.
La terapia a distancia dejó de ser un recurso de emergencia para convertirse en una opción más del repertorio profesional. Bien encuadrada, amplía el alcance sin renunciar a la calidad.
Fuentes
- Estudios sobre telepsicología y vínculo terapéutico durante la pandemia de COVID-19 (experiencias de consultantes y terapeutas).