Cuidamos la salud mental de los estudiantes y los pacientes, pero ¿quién cuida la de quienes los cuidan? El burnout —el agotamiento profesional crónico— es una de las principales causas de licencias, rotación y bajo desempeño en el sector educativo y de salud. Y, como casi todo en salud mental, lo que no se mide no se gestiona.

Burnout no es "estar cansado"

El agotamiento profesional es un proceso que combina cansancio emocional sostenido, distanciamiento del trabajo y sensación de baja eficacia. Avanza de forma silenciosa hasta que estalla en una licencia o una renuncia. Detectarlo a tiempo permite intervenir cuando todavía es reversible.

Tres instrumentos para medirlo bien

Individual + organizacional: el burnout se siente en la persona, pero suele originarse en las condiciones del trabajo. Por eso conviene combinar una mirada individual (CBI/WHO-5) con un diagnóstico de clima y riesgos psicosociales (SUSESO-ISTAS21).

No solo es buena gestión: es cumplimiento

En Chile, el Protocolo de Vigilancia de Riesgos Psicosociales en el Trabajo (MINSAL/SUSESO) exige a las instituciones evaluar periódicamente estos riesgos. Aplicar el SUSESO-ISTAS21 no solo previene el agotamiento del equipo: también responde a una obligación de salud ocupacional. Hacerlo de forma digital convierte una encuesta logísticamente compleja en un proceso simple, con resultados agregados listos para la toma de decisiones.

Un equipo agotado no puede sostener el bienestar de nadie. Medir el burnout y los riesgos psicosociales es, antes que nada, cuidar a quienes sostienen el sistema.

Fuentes